Situación
Aldea situado en el valle de su mismo nombre al que se accede por la carretera que desde Pamplona se dirige a Irurzun a través de los lugares de Ororbia y Asiáin, bordeando el río Arakil, hasta el pueblo de Anoz, donde se toma el desvío que se adentra en el valle de Ollo y, superado el lugar de Arteta, una estrecha carretera nos acercará hasta el lugar salvando la crestería del Sargain.
El caserío se asienta a los pies del Treku o “bordas de Goñi”, a considerable altura.-800 mts- lo que nos da una idea de lo rigurosa que es la temperatura el 50% del año. El pueblo se desparrama en pendiente, situándose los edificios a distintos niveles, presididos por la antigua parroquia de San Qiriaco, hoy abandonada y prácticamente en ruinas.
San Quiriaco- Antigua Parroquia
San Quiriaco, destaca por su situación, dominando el lugar y por su severo aspecto de fortaleza. A pesar del abandono en que se encuentra permanece en pie la fábrica construida a finales del siglo XII y principios del XIII según modelo del románico tardío. Es una construcción de muros muy robustos y de gran altura, abriéndose en la fábrica saeteras, lo que señala el papel de fortaleza que debió tener en tiempos pretéritos.
Es de una sola nave dividida en tres tramos de ábside semicircular, siendo la bóveda de medio cañón apuntado y la cabecera bóveda de horno. El coro se levanta al final del templo sobre un arco rebajado añadido posteriormente. La cubierta se decoraba con pinturas de estilo rococó de finales del XVIII que ilustraban pasajes de la vida de Teodosio de Goñi, pinturas irreconocibles actualmente por causa de las humedades.
El Templo es similar al de Azanza tanto por el trazado y los materiales como por la altura, denotando fines defensivo.
Es una pena que no se llevara a cabo, en su día, la rehabilitación y rescate del edificio y duele comprobar el estado de desidia en que actualmente se encuentra.
Las espléndidas puertas que lo adornaban se quitaron tapiando el hueco con mampostería, hoy lucen magníficas en el edificio que funciona como sociedad de ocio para los vecinos.
Nueva Iglesia
El pueblo de Goñi en su día, visto el estado en que se encontraba la Iglesia y los trabajos necesarios para repristinarla, optó por edificar una nueva, tarea que encargaron al arquitecto Javier Esparza San Julián.
Las obras comenzaron el año 1953 finalizando en 1975, según reza una inscripción colocada en el frente del coro. Es de nave única, rectangular con capillas a ambos lados, levantándose el Coro al final de la Iglesia. Presenta el Presbiterio desnudo, sin retablo, adornado con pinturas alegóricas a la leyenda de Teodosio de Goñi, obra del pintor Ciga Echandi.
El lugar escogido para su ubicación no debió ser el adecuado, cuando pocos años más tarde en 1978, exigió una serie de obras de saneamiento dadas las humedades que se colaban en su interior y, pese a las obras efectuadas, sigue sin solucionarse el problema.
Valores existentes
Del mobiliario hay que destacar la cajonería barroca de finales del siglo XVII. Mención especial merece la casulla y capa pluvial barrocas, en terciopelo rojo de hacia el año 1600.
Reseñables son dos cálices de plata, fechadas hacia el año 1700, siendo el copón de 1807. Las crismeras también de plata, según modelo barroco, son del siglo XVII. Existe también un hostiario de plata del mismo siglo y un ostensorio del XIX. Se conserva el relicario de plata procedente de la parroquia de San Quirico de estilo barroco fechado hacia el 1700. Es de tipo ostensorio con viril sin rayos.
Si de algo puede presumir el pueblo de Goñi es de la Cruz parroquial. Es de plata de estilo renacentista y de comienzos del siglo XVII. Fue realizada por el orfebre Gabriel Ochoa que murió sin acabarla. Los operarios de su taller, siguiendo los bocetos del maestro, la finalizaron, entregando la obra su mujer María del Pino el año 1629.
La cruz presenta brazos planos con ensanches rectangulares en el centro y los extremos, mientras en el centro es circular. El nudo es un añadido neogótico.
La decoración se distribuye por todo el exterior a modo de crestería. En el anverso se sitúan las figuras de los cuatro Evangelistas. El Cristo es sobredorado, de buena escultura y con corona de espinas en la cabeza. En el reverso se representan los cuatro padres de la Iglesia y en el crucero un grupo de la Virgen con el Niño.
También se conservan gran número de tallas pertenecientes a épocas diversas, siendo la más antigua Santa Quiteria, de estilo hispano-flamenco de finales del XV procedente de la ermita desaparecida.
Hay tres tallas del XVI: Santa Catalina, de estilo gótico, Santa Bárbara del primer renacimiento y San Cristóbal romanista. Al XVII pertenece una talla de San Esteban procedente de la ermita de su nombre, hoy destruida, al igual que un San Andrés de la primera mitad del siglo XVII, una Virgen del Rosario, romanista tardío y un Crucificado muy repintado. Al siglo XVIII pertenecen la Asunción, San José, San Antonio, Abad y un Crucifijo de tosca ejecución.
Caserío
Las calles son en cuesta con una plaza de trazado irregular en el centro, sirviendo de enlace entre la parte alta y baja, siendo muy dificultoso en invierno circular por las mismas a causa del hielo y la nieve.
En el caserío predomina el tipo y modelo del siglo XVIII de tres alturas, cuadra, piso y sabayedo, todo ello de sillarejo con portadas de sillar como también en ventanas y esquinas. Existen hermosos ejemplares con soberbios escudos en las fachadas. Hoy prácticamente todas ellas han sido reformadas en su interior aunque conservan los aleros y fachadas antiguas.
Historia
Si partimos de la base que las leyendas tienen algo de cierto en sus orígenes, habrá que decir que el pueblo de Goñi ya existía en el siglo VIII si hacemos caso a lo narrado por Navarro Villoslada en su novela Amaya o los vascos, al emplazar al héroe de la misma en el castillo de su propiedad situado en los aledaños del citado lugar de Goñi.
Sitúa el castillo-palacio Gazteluzar en un promontorio desde el que se dominaba el valle, colina cubierta de espesa vegetación que arropaba, envolvía y enmascaraba su ubicación, al que se accedía por tortuoso y empinado camino. Distaba del pueblo un cuarto de legua aproximadamente y desde sus ventanas se alcanzaba a ver la totalidad de sus posesiones.
Actualmente el nombre ”Gazteluzar” existe, aplicándose el sobrenombre a un altozano existente en el antiguo camino que desde el lugar de Goñi se dirigía a Munárriz, vía hoy desaparecida por la rapacidad de los propietarios. Cubierto de espesa vegetación que impide acceder a la cumbre, a decir de los lugareños, guarda enterrada entre su broza restos de rocas que denotan antiquísima construcción.
Por la altitud y situación el lugar era el idóneo para situar en aquellos tiempos una torre o castillo a donde acudieran los lugareños en caso de peligro.
¿ Fue “Gazteluzar” como apunta el novelista el lugar y morada de Teodosio de Goñi?
¿Existió realmente o es fruto de la leyenda?
Que los asentamientos de los cinco pueblos que componen el valle existirían en esas fechas, no me cabe la menor duda; ahora bien, creo que decorar el lugar con caballeros y palacios es mucho adornar y embellecer, haciéndonos ver Goñi como idílico lugar manando leche y miel y donde su señor disponía de enormes rebaños que le proporcionaban pingües riquezas. Si fue así en los tiempos que nos cuenta la novela, algo fuera de lugar, catástrofes sin cuento hubieron de ocurrir para que siglos más tarde otros “novelistas”, más en tiempos, dejaran constancia de las penalidades, miserias e infortunios con que convivían sus habitantes, según atestiguan los vecinos en el apeo realizado el año 1427, donde, a la pregunta “de qué viven” contestan que con pocos ganados “menudos y algún “granado”, no cosechan pan para todo el año y no tienen viñas. Lo que demuestra lo miserable de su condición al faltarles lo básico para subsistir como era en aquellas épocas el pan y el vino. Así mismo, al preguntarles el valor de los bienes de todos los vecino, no saben ni han parado mientes en ello, solamente saben que, antiguamente fueron tasados en veinte florines.
En el mismo documento afirman que existen seis casas de “fijosdalgo”, dos con título de palacio de cabo de armería y cuatro palacianas: Aunque no dice sus nombres, en un proceso posterior incoado por las citadas casas de “fijosdalgo” el año 1712 contra la Corona por causa de pechas impagadas, se citan las contraseñas de los litigantes. Volveremos más tarde sobre ello.
De la pobreza existente nos da una idea la sembradura de sus fincas notificada en el mismo documento por el Jurado- alcalde-D. Miguel Martínez, cifrada en la cantidad de 12 robos.” ¡ Y era uno de los terratenientes fuertes ¡” No es de extrañar que no les llegara para pan dada la poca superficie sembrada y rala productividad; de ahí sus lamentos, la penuria sería extrema.
¿ Cuántos habitantes conformaban el lugar? El documento fija la cantidad de 14 fuegos, más el Abad D. Gil de Salinas y seis racioneros, aunque estos no moraban en el lugar. Nada dice de la existencia de palacios ni de la exención de cargas por la condición de “fijosdalgo”, únicamente denuncia la pecha debida a la corona, de ahí posteriormente el litigio entablado entre el Sr. Fiscal y los afectados.
Desde siempre hay constancia de que los cinco pueblos del valle formaban una entidad administrativa denominada “Cinco Villas”. Lugar antiguo de señorío de realengo, la Cofradía de Labradores del lugar, pagaba el año 1280, junto con los lugares de Aizpún y Urdánoz, una pecha de 630 sueldos a la Corona.
El año 1462 el Rey Juan II lo dio en señorío perpetuo a Juan de Beriáin, escudero y a sus descendientes, que pagaron el tributo hasta el año 1543, año en que, juntamente con los lugares citados de Aizpún y Urdánoz, redimieron la pecha, abonando a Catalina de Medrano, sucesora de Juan de Beriáin, 700 ducados por todos sus derechos y los de sus sucesores.
Extinguida la pecha el año anotado, extraña que años más tarde, concretamente en 1712, Lorenzo de Arróniz, “recibidor” de la ciudad de Estella, instruya pleito a instancias de la Cámara de Comptos contra los citados lugares de Goñi, Aizpún y Urdánoz por pechas no abonadas.
A ello se opusieron presentando recurso los labradores de Goñi a una con Aizpún y Urdánoz aduciendo haberlas liquidado el año 1543, y pleitearon en la Real Corte, aduciendo no ser afectados dado el título de palacianos, los Marqueses de Cortes y Condes de Javier poseedores de los palacios de Goñi y de Salinas de Oro y por D. Miguel de Albéniz, propietario del llamado San Miguel de Excelsis en Goñi.
También se desmarcaron D. Martín de Arteta, propietario de casa “Domingorena”, Juan de Azanza, dueño de “Obearena” y Martín de Huarte por la de “Bengoechea” aduciendo no estar compresos en el pleito al estar exentos de cargas y alcabalas por el título de hidalguía que sus casas detentaban.
También gozaba de tales prerrogativas la casa ”Saldiserena”, aunque esta no se unió a la demanda.
Tras presentar las preceptivas alegaciones ambas partes ante el tribunal de la Real Corte, ésta falló a favor de los demandantes eximiendo tanto a los “fijosdalgo” como a palacianos, labradores de Goñi, Aizpún y Urdánoz, de cualquier obligación. Proceso-nº-5338.
Leyenda y Palacios
En Goñi se sitúa la cuna de la leyenda de Teodosio de Goñi y el arcángel San Miguel recogida por diversos autores, y de forma especial por Navarro Villoslada en su novela “Amaya o los vascos en el siglo VIII“.
En el pueblo existió desde tiempo inmemorial, Jaureguizarra o palacio viejo propiedad de la familia “Goñi”. En el siglo XIII García Martínez de Goñi era el propietario y casó con María de Guevara. En 1513 aparece como propietario Johan de Goñi y parece ser que en 1517 se le autorizó para erigir el palacio nuevo o de San Miguel. El año 1534 su hijo Sebastián, heredero, fue recompensado por los servicios prestados por su padre a la corona con un acostamiento de 10.000 maravedís. De él pasó a Martín de Goñi, y en 1568 a su hermano Sebastián.
Luis de Goñi, hijo de Sebastián, hizo donación de los bienes (casa y tierras) a favor de su primo Julián Remírez de Sagüés, vecino de Sagüés, a quien adeudaba fuertes cantidades de dinero y no pudiendo liquidarlas, ofreció los bienes como alternativa, quedando Luis y su familia como renteros en la propiedad.
Años después Francisco Remírez de Sagüés, Alcaide de las cárceles del Reyno, hijo de Julián, puso las propiedades en pública subasta, adquiriéndolas Martín Remírez de Sagüés, vecino de Bidaurre. Proceso nº-14678
En 1669 aparece como posesión de Juan Albéniz, que solicitó rebate de cuarteles por el palacio alegando que era palacio de cabo de armería. El año 1723 consta como propietario Miguel de Albéniz.
Años más tarde, 1802, ambos palacios se encontraban deshabitados y prácticamente en ruinas desapareciendo con el paso del tiempo. Es inexplicable que no haya vestigio alguno de la existencia de ambos palacios, piedras sueltas, cimentaciones algo que indique su situación.
Jaureguizarra parece ser que estuvo enclavado en la parte de arriba del pueblo, dominándolo, algo alejado de las viviendas. Hago tal aseveración basándome en un dato encontrado al intentar situar las ermitas habidas en el pueblo: Según la referencia, la de San Esteban estuvo situada en las afueras del lugar mugante con el camino que se dirige al monte en dirección a la de San Miguel y pegante con el palacio de Jaureguizarra, cuyos dueños accedían al interior de la ermita sin salir a la calle. Si la ermita estaba adosada al edificio palacial la ubicación de éste es obvia.
El año 1678, en el apeo de bienes realizado en el pueblo se dice que el palacio de
Jaureguizarra es propiedad de D. León de Goñi y vive en él Miguel de Auza, como casero y el de Larrainagusía o de San Miguel Excelsis, es propiedad de Juan de Albéniz y vive en él Juan de Arteta también como casero. Esto nos demuestra que en esas fechas ambos palacios se encontraban en pie, habitados, siendo insólito que hoy no exista constancia de su asiento.
Lo extraño es que no quede vestigio ninguno, si sus piedras se emplearon como cantera para edificar otras viviendas, algún rastro quedaría de ello; ¿ no? En alguna casa más moderna habría constancia de ello.
Del palacio nuevo, Larrainagusía o San Miguel de Excelsis, una estela situada en la parte baja del pueblo, a orilla de la carretera, nos idica dónde estuvo enclavado.
Ermitas
El pueblo de Goñi albergaba en sus términos cuatro ermitas desde tiempos antiquísimos, San Adrián, San Esteban, San Miguel y Sta. Quiteria. De todas ellas solamente la de San Miguel ha llegado hasta nosotros, las restantes desaparecieron hace muchos años. Santa Quiteria fue muy importante en pasados tiempos. Estaba al cuidado de un ermitaño que la habitaba y atendía a donde acudían los vecinos en romería una vez al año. Situada en pleno bosque cercana a Andía, fue usada durante la guerra de la independencia por Espoz y Mina como polvorín, hasta que los franceses, percatados, la destruyeron. San Adrián y San Esteban son visitadas por el Obispo Igual de Soria el año 1797 y vista la situación lamentable en que se encontraban, ordena la desacralización y su derribo.
San Migue es la única que subsiste, se encuentra a una hora de camino a la sierra y se accede por una carretera en lamentable estado. Es la más importante de todas por ser el lugar donde, según la tradición, se le apareció el Arcángel San Miguel al penitente Teodosio, natural del lugar. Es una sencilla construcción rodeada de hayas en plena naturaleza. Reconstruida no hace muchos años, el arco de entrada sostiene un escudo del siglo XVI procedente del pueblo con la leyenda GOÑI.
Situación actual
De unos años a esta parte sus habitantes al igual que los del resto del valle han ido modificando sus hábitos a tenor de los cambios introducidos en la agricultura por la moderna mecanización de la misma y por las nuevas simientes de ciclos más cortos. Ello ha originado la desaparición de los ganados de labor suplantados por maquinaria con la consiguiente economía en la realización de los trabajos. Esto ha redundado en más tiempo libre para poder dedicarlo a otros menesteres causando la desaparición de la mano de obra sobrante con el consiguiente despoblamiento de los pueblos. Donde hace años, para atender una mediana hacienda, se necesitaban varias personas, hoy lo hace y mejor una sola, quedándole tiempo para dedicarlo a la explotación de ganado de engorde, pues al ser las haciendas de corto alcance y no dando para vivir de su solo producto, el propietario debe recurrir a otro tipo de industrias para sobrevivir.
Años atrás si por algo era conocido el pueblo de Goñi, era por la crianza de ganado vacuno y caballar. Digamos que sus amplios términos se prestan a ello, al disponer de grandes extensiones de pastizales donde apacentarlos y estar mugante con la sierra de Andía donde asentarlos en primavera y verano. Todas las casas poseían cabezas en la medida de sus posibilidades y era un espectáculo, al pasear por los montes y la sierra, comprobar las manadas que pacían en los herbales. ¿Cómo no recordar las reatas de potros que los propietarios conducían a las ferias de San Fermín a través de los campos?
¿Y los grupos de caballerías que desplazaban hacia los bajos del monte Sarbil a causa de las nevadas? Todo ello ya es historia.
En pasados tiempos la vida en el pueblo tenía que ser durísima. Hoy no se concibe cómo podían soportar aquellos inviernos tan crudos vistos por nosotros desde la distancia y con toda clase de comodidades. Nos quejamos de la dureza de los actuales pese a las calefacciones, buenos calzados, mejores prendas para combatir el frío y el agua, ¿qué dirían aquellos sufridos ganaderos recordando los largos inviernos cercados por los hielos y la nieve debiendo auxiliar a las reses con ésta hasta la cintura y llevarles comida para que no perecieran de hambre?.
En la actualidad varias familias se resisten a abandonar uno de los estilos de vida más tradicional, la ganadería en sus dos formas, caballar y vacuno. Hoy este se mantiene estabulado durante gran parte del año engordándolo en granjas construidas fuera del caserío, dándoles suelta cuando llega el buen tiempo. El caballar, orgullo del lugar en pasados tiempos, solamente una familia conserva la tradición y me temo que por poco tiempo. El duro trabajo del seguimiento y el desprecio del producto están propiciado su desaparición.
Riqueza forestal
En pasadas épocas Goñi se enorgullecía de ser uno de los pueblos más ricos de Navarra. Ello era debido a la explotación de sus montes. Sus términos cobijan gran cantidad de maderas, roble, castaño pero sobre todo hayas. Cada cierto tiempo, años atrás, aparecía en la prensa la subasta de grandes lotes tasadas en cantidades que, para aquel tiempo, eran importantísimas. De ahí que, una vez descontados los pagos a la Hacienda Foral, el resto distribuido entre los habitantes, supusiera un arrimo muy importante para sanear las economías. ¿ Funcionaba de esta manera?
Lo he citado en tiempo pasado. Hoy las maderas de estos montes no valen para nada, esta se importa de otros países, mientras la autóctona envejece, cae y se pudre en el suelo. Se anuncian subastas a las que nadie acude y si alguna se remata es tras rebajas fortísimas, no siendo raro el caso en que parte de la misma se queda en el monte sin retirar por el adjudicatario.
Industrias extinguidas
En la antigüedad los montes de lugar proveían de nieve los depósitos de la capital, supongo que no serían los únicos, donde se almacenaba y guardaba para usarla en verano. Nos lo demuestra el proceso entablado por Lorenzo Echalecu, arrendador, contra el pueblo de Goñi el año 1612. El citado Echalecu había concertado con el concejo de Goñi la saca y traslado de la nieve a Pamplona durante 12 años por el precio de 112 ducados. Reclama ante la Corte Real que le sea devuelta parte del arriendo por haber permitido el Concejo a la competencia sacar nieve de sus términos. P.-201976.
Otra pequeña fuente de ingresos era el arrendamiento de las carboneras, faena muy generalizada en la mayor parte de los montes de Navarra. El trabajo era durísimo. A la dura tarea de preparar la madera, se unía el vivir en el monte en chabolas de ramas aguantando fríos, lluvias y nieves y atenderlas día y noche mientras se cocía la leña. Normalmente eran personas especializadas en el trabajo quienes fabricaban el carbón vegetal, que acudían a los lugares donde se subastaban lotes de leña para este fin. Las sacas de madera para estas labores, si bien sirvieron para aliviar las penurias de las haciendas locales, empobrecieron grandes extensiones de monte, al hacer los carboneros”mata rasa” de todo tipo de vegetación.
Hemos apuntado la dureza del trabajo y la penosidad del mismo debido a las condiciones en que se llevaba a cabo. Estas circunstancias propiciaron graves accidentes con muertes inclusive como figuran en los libros del lugar.
Sucesos trágicos
En el año 1770 el día 22 de Abril, Joaquín Berasategui, natural de lugar de Irizábal
(Idiazábal?), atendía las carboneras con tres criados, Antonio, Juan Martín y Lorenzo Múgica. Dadas las malas condiciones- nevaba copiosamente- envió a sus criados de vuelta al pueblo mientras recogía los útiles y los encerraba en la chabola. Al no regresar durante la noche, los criados alarmados solicitaron la ayuda de los vecinos para salir en su busca. Acompañados por varios residentes recorrieron los alrededores encontrándolo en el paraje denominado”oyamburua” semiinconsciente, prácticamente congelado pero con vida, desde donde lo trasladaron al lugar llamado “udalondoa”. Había intentado regresar, se había perdido y la noche tan cruda había podido con él. Tras intentar reanimarle lo trasladaron al pueblo donde llegó cadáver.
En el invierno del año 1811 ocurrió un terrible suceso que conmocionó a los habitantes del Valle. A causa de una intensa nevada que les impedía trabajar se recogieron en una bajera del pueblo varios trabajadores de las carboneras y otros más, la nota no especifica el número, y para paliar las bajas temperaturas se procuraron varios recipientes donde hicieron fuego empleando carbón vegetal disponiéndose a pasar la noche a su vera. La muerte silenciosa en forma de gas letal les sorprendió mientras dormían. De madrugada al acudir el patrón en su busca se encontró con la tragedia. Cuatro yacían muertos y el resto”ocupados de un terrible letargo” anota el cronista.
Los muertos fueron Andrés Vélaz, vecino de Iturgoyen, Prudencio Gaona, natural de Vitoria, Rafael Estebillo, de Lodosa estos tres carboneros y Lorenzo Ochotorena, natural de Puente la Reyna soldado voluntario. La causa aducido “sofoco del tufo del carbón”.
De resultas de la intoxicación al día siguiente murió Simón Urra, vecino de Muez y Félix Bidaurre vecino del mismo lugar falleció un día más tarde.
El narrador no dice el número que se habían refugiado en la bajera, mas debieron ser bastantes pues anota: “otros más se aliviaron de la indisposición”.
Los difuntos fueron inhumados en el Cementerio de Goñi.
Y no serían los últimos en sufrir las inclemencias de los temporales si releemos las necrológicas del lugar, varios más perdieron la vida por estas o parecidas causas.
Despoblamiento del lugar
Como he apuntado la mecanización ha sido si no la principal causa sí una de las más importantes en el despoblamiento de muchos pueblos y aldeas.
El Valle de Goñi ha sido uno más de los que ha padecido por esta causa, sufriendo en pocos años una merma muy fuerte en su población. La gente joven se ha desplazado a otras latitudes en busca de puestos de trabajo abandonando las escasas propiedades del pueblo, posesiones que, si un tiempo atrás proporcionaron ingresos para el mantenimiento de la familia, actualmente no son suficientes y son necesarios otros arrimos. Si repasamos los censos de los últimos años vemos cómo el descenso en todos los pueblos que componen el valle ha sido vertiginoso, desde unos años atrás no se ha generado ningún puesto de trabajo donde ocupar la mano de obra sobrante, muchas familias empleadas en el campo y la ganadería, han sido suplantadas por la maquinaria, siendo forzadas a emigrar. Hoy, una sola persona, atiende y desarrolla las labores que antaño empleaban cantidad de brazos.
Los que salieron de los pueblos en busca de mejor futuro, unos vendieron sus pertenencias para con su caudal atender los primeros gastos en su nueva ubicación, otros reservaron sus propiedades pero, sin atenderlas, fueron deteriorándose propiciando su ruina. Muchos de éstos han regresado años después a sus raíces, recuperando los inmuebles con grandes sacrificios, se han embellecido las casas, se han adecentado las calles, se ha dotado a los pueblos de los últimos adelantos, pero todo ello para una población que vive alejada de sus orígenes, que regresa los fines de semana, que ha convertido sus remozadas viviendas en casas de ocio, ante la mirada de los propietarios residentes que ven cómo se hacen viejos y nadie acude a sustituirlos en las labores.
El forastero o turista que llega al lugar en día festivo encontrará el pueblo lleno de vida, gente deambulando por sus calles, chiquillos alborotándolo con sus juegos, ruidos de coches, en una palabra, vida. Pero !!ay¡¡ Todo es fachada. Al caer la tarde, el silencio invade el lugar, la calma se adueña del mismo, los portales se cierran a cal y canto y un espeso silencio se abate sobre él. Los que llenaban sus plazas, los que con sus gritos, juegos y alborotos le daban vida han regresado a sus lugares de residencia, Son oriundos que han acudido a disfrutar de la calma y solazarse con los familiares residentes o propietarios que conservan la casa nativa como lugar de recreo.
La paz se adueña del pueblo, el sosiego y la tranquilidad se asientan nuevamente dando paso la euforia a la melancolía.
Juan José Erburu
Sindicación
El apellido Goñi es muy común en Navarra y la zona norte de España por lo que sus orígenes se hunden en la antiguedad siendo difícil encontrar los ancestros.
Si surgieran nuevos datos no dude en ponerse en contacto. Intentaré prufundizar en ello. Saludos.