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Anuncio de los artículos posteados en: Noviembre 2010

Principales casas en Azanza
                      CASERIO  
 El caserío ubicado en la ladera está edificado en su totalidad contra terreno, disfrutando las viviendas de amplios espacios entre sí, consecuencia del  derribo de casas en ruinas y la desaparición de huertos entre los domicilios. Subsisten algunas de épocas muy antiguas que sus propietarios las están recuperando para darles un destino.  Ya hemos anotado que antaño el caserío fue mucho mayor.
   
                
Nombre de las casas habitadas en la actualidad :

Farrandorena,  Echeverría,  Mesón, Apezarren,  Elizalderena,  AizpúnSastre,  Ansorena,  Archa, Guemberena,  Leceaga

 Desaparecidas desde 200 años a ésta parte :  

   
Gulina,  
Loyola,  Mochicorena,  Faustorena,  Dambolín,  Tabernazarra,   Zapatazarreinzarra,  Beroquiñerena   
 Tirapu,  
Ciriza,  Lizarrondorena,  Maestro,  Filiperena,  Oñatiarena.

 En la actualidad parece se está corrigiendo esta tendencia ya que se están construyendo varias casas nuevas y reacondicionando antiguas.

El tipo de vivienda que predomina es de bloque de tres alturas, cuadras para el ganado en la primera, vivienda en la segunda  y pajar y graneros arriba del todo,  con tejado a dos aguas y cubierto antiguamente con lajas de piedra, hoy con teja.
 En la actualidad, aunque conservan el aspecto exterior, todas ellas han modificado las estancias interiores, se han adecuado a los tiempos actuales siendo normal, al visitar cualquiera de ellas, contemplar las cuadras de antaño convertidas en amplios salones o modernas cocinas montadas al último grito y los graneros del últimos piso en coquetos dormitorios.
 La construcción, en la mayor parte, es de sillarejo con los ángulos de sillar a la vista o enlucidos.Llama la atención la gran cantidad de escudos que existen dado lo diminuto del pueblo.
A continuación reflejo varias de las viviendas existentes.   
30 Nov 2010
Admin · 80 vistas · Escribir un comentario
La borda de GOYA
                                         
      
 Relacionada con la casa y hacienda de Goya, existe en el valle de Goñi una curiosa leyenda, que he oído relatarla a varias personas de diferentes pueblos. Me pudo la curiosidad y me dediqué a averiguar qué había de cierto en ello.
 Al final de la subida del puerto de Ulzurrun, junto a la carretera, a un kilómetro de distancia del pueblo de Azanza, existe al abrigo de las peñas que dominan el manantial de Arteta, una borda de guardar ganado, en el  extremo de una finca que en tiempos debió ser de pan traer. Hoy es un hermoso lugar con hermosas vistas sobre el valle de Ollo, frecuentado por cantidad de domingueros que acampan en sus herbales para pasar el día.
 
La construcción se denomina “ borda de Goya”.
Años atrás existió en el pueblo de Azanza una familia muy poderosa llamada Goya. Antiguamente fue conocida como casa Arozarena, o del Herrero, cambiando de nombre con ocasión del casamiento de Ascensio Goya con María Lacunza heredera de la casa citada.
 Este Goya era originario del pueblo de Zubieta en la provincia de Guipúzcoa y su llegada originó el cambio de nombre del inmueble. Un hijo de éste matrimonio emigró a las Indias e hizo las Américas. Al morir legó su fortuna, consistente en 20000 ducados, a su madre. Esto ocurría el año 1732.
Cuatro generaciones vivieron con posterioridad en la casa, hasta que finalmente desaparecieron del pueblo.
 Lo citado hasta ahora es historia, existe documentación abundante que lo corrobora.
A partir  de ahora toma cuerpo la leyenda.
Cuenta la fábula que durante todos estos años la casa fue empobreciéndose, hasta tal punto que, el última superviviente de la familia, una anciana, mendigaba la caridad por los pueblos del valle.Vivía sola y sin medios, sus mayores  habían dilapidado en el transcurso de los años la ingente fortuna heredada, vendiendo la totalidad de las tierras que poseían en el pueblo y  las casas solariegas, restándole unicamente una gran extensión de monte poblado de hayas y encinas donde se asentaba la citada borda, borda que le servia como morada.
Ya hemos aclarado que se sustentaba de la mendicidad y, aunque unos pocos la socorrían, los más, recordando los tiempos de esplendor y exhibición de riqueza de la familia, le daban de lado y la ignoraban.Llegó un momento en que, a causa de los achaques y lo avanzado de la edad, sus fuerzas no le permitían desplazarse por los pueblos en busca del sustento, por lo que ofreció donar la borda  y el monte colindante a cambio de acogerla y cuidarla hasta su muerte que la adivinaba próxima.
Ningún pueblo del entorno atendió su propuesta, por lo que recurrió al pueblo de Ulzurrun, lugar enclavado en el valle de Ollo, distante seis kilómetros de la borda.
Los vecinos, sabedores de la lastimosa situación de la anciana, aceptaron las condiciones, acogiéndola y cuidándola hasta su fallecimiento.Según la leyenda ésta es la causa de que la borda Goya y el monte apuntado, distante un tiro de piedra del lugar de Azanza, pertenezcan al lugar de Ulzurrun. 
¿Sobre qué datos se sustenta? ¿Qué hay de cierto en ello? ¿Existió la anciana mendicante tal y como la describe la fábula? ¿Hay relación entre la citada anciana con la casa Goya en Azanza?
Según las diferentes documentaciones revisadas he llegado a la conclusión de que es dudosa la existencia de la anciana mendicante  como cuenta la leyenda y, en caso de que hubiera existido, no era de la casa nombrada, ya que, como explico más adelante el discurrir de  los últimos propietarios transcurrió en la ciudad de Pamplona y bien asentados económicamente.
Efectivamente la familia Goya existió en Azanza y como se explica heredó una gran fortuna de un familiar de América. La herencia la recibió María Lacunza, madre del donante, e inmediatamente, tras dotar espléndidamente a todos los hijos, se dedicó a colocar el capital en los sitios más rentables, compró censos, tierras, casas en la capital, etc. etc. habiendo aumentado, a su muerte, la herencia recibida. Esto ocurría en los años 1732—1740.Sus descendientes, vivieron en el pueblo, desde donde dirigían los negocios, hasta que en los años 1848—1850, Fermina Echarte, viuda de Fc. Manuel Goya, se traslada a vivir en Pamplona, dejando tierras y casas  a renta al vecino de Azanza  Pedro Recalde.
 Fermina Echarte, última persona de la familia que vivió en el pueblo, murió en Pamplona, por lo que es dudoso lo de la anciana mendicante y si existió,  no pertenecía a la casa Goya
 Félix Echarte heredero de los bienes de la citada casa vendió todas las pertenencias a Domingo Beperet, vecino de Pamplona el año 1919. ¿En lo vendido estaba la borda? ¿La compró el pueblo de Ulzurrun? Pudiera ser. Como he citado la familia Goya se trasladó a la capital y vendió todas sus pertenencias en Azanza. 
El terreno donde está enclavado el edificio, hoy propiedad del pueblo de Ulzurrun, en origen  perteneció a  una familia de Senosiáin y fue  donado a la familia Goya por sus propietarios, D. Agustín y D. Juan Antº Sagüés, padre y hermano de Dña. Martina,  con ocasión de su boda con D. Pedro Goya, como parte de pago de la dote  que le ofrecieron.
Con posterioridad D. Pedro y Dña. Martina, cercaron el terreno y levantaron la borda habiendo obtenido permiso de los tribunales Reales.  Año 1760.
Notario- Manuel Velaz- Echauri- 5-2-1809
 A más abundamiento, en los contratos matrimoniales celebrados entre Francisco Javier Goya, con María Ildefonsa Murugarren, en el inventario adjuntado, se indica la posesión de una borda en la finca de 20 robadas en el término de Ulzurrun llamado “ Zuasate” junta a la ermita derruida de San Cristóbal, afrontada con el camino real que va para Aizpún.             
   
Not- Félix Escudero- Pamplona-   Año 1780. 
         
  
Lo que si es cierto que tanto la borda y su entorno como el monte pertenecen al lugar de Ulzurrun, mas no creo sea por legado de una mendicante.
  
30 Nov 2010
Admin · 74 vistas · Escribir un comentario
El Ministerio fiscal contra el beneficiado Biguria
                   Querella del ministerio fiscal contra Juan de Biguria, beneficiado.    

        
 El origen de la querella está originado por la actitud del beneficiado de la Iglesia de Azanza, Juan de Biguria.
 Tiene atemorizado al pueblo y vecinos del valle.
 Es de carácter brusco y pendenciero, anda con el arcabuz al hombro disparando a las palomas en las torres y amenazando a los vecinos si osan denunciarle, llegando al extremo de presentarse con él en la Iglesia. Pese a que ha sido amonestado y castigado persevera en su actitud.
 Como no sabe rezar no cumple con sus obligaciones de leer el breviario y enseñar a los feligreses, no obstante se aprovecha del beneficio y lo cobra.
Por lo expuesto insta le sea retirado el beneficio y se le prohíba el uso del arma.
 Recibida la querella y para cerciorarse de la verdad sobre la denuncia, se traslada al pueblo de Azanza Miguel Yelz de Villaba, comisario de las audiencias, el cual recaba información  interrogando a varios vecinos.     

                                             
DECLARANTES :
 1º--Joana de Azanza, mujer de Joanes de Larraioz de edad de 40 años.
  Testifica que el citado Joan de Biguria, lleva siempre el arcabuz al hombro y no se separa nunca de él.Tiempo atrás disparó a la torre de Pedro de Muniain matando dos palomas.Tiene el temperamento inquieto y pendenciero, no hace todavía un mes se presentó en la casa de la declarante y, con la excusa de que le debía un cántaro, le cogió una sartén, como ésta se oponía le sacudió de bofetadas derribándola al suelo. 
2ª--Joanes de Larrayoz de edad de 26 años
 
 Declara que el Beneficiado lleva siempre el arcabuz a donde quiera que vaya.Hace un tiempo, estando jugando a la calva con Pedro de Muniain junto a su torre, oyeron un disparo y asomándose vieron que el citado Juan de Biguria, recogía dos palomas muertas. Al afearle el que disparara a las palomas que no eran suyas, les insultó, les trató de ruines y se fue diciéndoles que no tenía por qué darles ninguna explicación.
 3º-- Martín Fernández de edad de  40 años Dice que tanto los días de labor como los de fiesta Joan de Biguria lleva siempre el arma al hombro.No puede atestiguar si sabe rezar o no, lo que sí declara es que nunca le ha vista rezar, ni con  breviario ni sin él.Tiene pendencias con la totalidad de los vecinos y está mal visto por todos ya que los trata con malas palabras. 
 4º--Pedro de Goñi, Abad de Azanza, de 30 años de edad. Testifica que ha visto al acusado con un pedernal bajo el brazo lo mismo los días de fiesta que los de labor. No ha visto disparar a las palomas aunque varios vecinos le han asegurado haberle visto  matar palomas tanto en Azanza como en Aizpún y otros lugares. Enterado de lo ocurrido en la torre de Pedro de Muniain le reprendió, pero él lo negó. No puede certificar si sabe o no decir los rezos, pero sí que es cierto que en una ocasión, en la Iglesia de Goñi, le ordenó el rezo de las horas canónicas mientras él efectuaba una visita, pero, en lugar de rezar, se subió al campanario donde estuvo armando alboroto. 
 
5ª--  Juan Antonio Echauri, de 63 años Declara que desde hace 6 o más años el Beneficiado lleva consigo el arcabuz donde quiera que va, disparando a las palomas tanto en Azanza como en los pueblos del valle.Hace un mes, poco más o menos, oyó alboroto en casa de Pedro de Azanza y acercándose, vió al citado Beneficiado maltratando a Joana de Azanza. Al reprenderle la acción, se justificó aduciendo que la interfecta le debía un cántaro y como ésta se negaba a devolver, como compensación le había quitado una sartén.
6º-- Joanes de Arbizu de edad 20 años Dice ser cierto que el acusado mató las palomas de la torre de Pedro de Muniain y, al reprenderle éste la acción, negó que hubiese disparado. 
 7º--  Mari Joan de Azanza, viuda de Miguel Munárriz de 67 años Atestigua ser cierto que siempre anda con el arma al hombro.Hace como un año, debiendo recoger la testigo a los viandantes en la posada, llegó a ésta un mulatero con una carga de pescado, hizo noche en ella y a la mañana siguiente se dio cuenta que le faltaban 12 merluzas, denunció el hecho al regidor presentando como testigos a la declarante y a su hijo Joan de Goñi. El regidor, acompañado del citado Joan de Goñi, recorrió las casas del pueblo en busca del pescado y al acercarse a casa de Julián de Biguria, hermano del acusado, intentó maltratarles y, al tomar unas piedras Joan de Goñi con ánimo de defenderse, apareció en la puerta el acusado armado del arcabuz amenazándoles con dispararles si no se marchaban.
 8º--Pedro Munárriz de 60 años Declara que hará como cosa de unos cuatro años aproximadamente, hallándose el testigo junto con otros vecinos jugando al “ matacán”, oyó unos disparos y asomándose vio que cayeron muertas dos palomas y que el acusado se encontraba con el arma en la mano. Habiéndole reprendido por ello contestó que el no había sido y que le importaba un dite lo que el testigo pudiere pensar o hacer El comisionado Miguel Yelz de Villaba presenta las declaraciones obtenidas al Tribunal de las Audiencias, se le comunica el auto al Beneficiado por si le interesa recurrir, cosa que no lo hace, por lo que el Tribunal dicta sentencia, condenando al acusado a la pérdida del arcabuz, dos ducados de multa a satisfacer a la Cámara de su Señoría, y a permanecer dos meses recluido en la Iglesia, donde deberá estudiar los Libros Sagrados, aprender los rezos y comportarse decentemente sirviendo de ejemplo a los feligreses   
              
Proceso C/ 430—Nº 3 Archivo Diocesano. Año 1671
    
30 Nov 2010
Admin · 349 vistas · Escribir un comentario
Pleito entre Abades
Juan de Arbizu, Abad del pueblo de Aizpún contra D. Pedro de Gulina, Abad de Azanza y Juan Martín Pérez de Azanza, vecino del mismo, su cuñado.

La autorización y licencia concedidas por el obispado para trasladar las sepulturas al interior de la Iglesia en Azanza,así como los restos depositados en ellas, dio lugar al enfrentamiento entre las familias Ferrandorena y Gulinarena del lugar por causa de una estela mortuoria, que ambas propiedades reclamaban como propiedad.
Por las declaraciones de los testigos sabemos que estaba colocada entre las sepulturas; de ahí que ambas casas la reclamaran como suya.
D. Juan de Arbizu, hijo de la casa de Ferrandorena, Abad en Aizpun, al llevar a cabo el traslado de los restos, se llevó también la piedra o estela que existía a los pies de la sepultura alegando ser de su propiedad, colocándola en la cabecera de la misma dentro de la Iglesia. A esto se opusieron D. Pedro Gulina y su cuñado Juan Martín Pérez de Azanza, alegando que la citada piedra les pertenecía ya que siempre había estado colocada en la cabecera de la suya, por lo que la quitaron de donde la había colocado el citado Arbizu, devolviéndola al lugar de origen.
En la disputa originada Pedro de Gulina insultó al Abad de Aizpún y Juan Martín Pérez le agredió poniéndole las manos en el pecho.
D. Juan Arbizu denunció los hechos por lo que D. Domingo Pérez de Atocha, Canónigo Arcediano de la cámara la Catedral y oficial principal del Obispado comisiona a Martín José de Eyaralar para que se desplace a los pueblos de Azanza y Aizpún, recabe información de la denuncia e interrogue a varios vecinos sobre los hechos. No obstante como primera medida amonesta gravemente el citado Pedro Gulina y excomulga a su cuñado hasta tanto no pida públicamente perdón por haber puesto sacrílegamente las manos encima del Abad.

Personas interrogadas por Martín José de Eyaralar y sus declaraciones :


Pedro de Lacunza, Notario, de 26 años

Dice que es pariente del Abad D. Juan Arbizu en 4º grado, que es vecino de Azanza, hijo de Pedro Juan Lacunza y de Mª Ilarregui.
Que en el mes de julio pasado le dio noticia así el quejante como su cuñado Ascensio Goya, que Martín de Amézqueta, sobrino del citado abad, y Mª Matías Ramírez de Gazólaz, su mujer, habían obtenido licencia y facultad, junto con otros cinco vecinos, para poder trasladar al interior de la Iglesia las sepulturas que poseían en el cementerio y, con la licencia obtenida, habían hecho traslado de los restos que en ella existían. Así mismo habían llevado las piedras con los escudos de armas que usa la citada Mª Matías Ramírez de Gazólaz, como dueña de la casa llamada de Ferrandorena o Martizarena y el citado Juan Arbizu como descendiente de la misma y, en nombre de los mismos, intentó entrar una piedra en forma de globo, no pudiendo hacerlo por impedírselo un vecino del mismo lugar.

Ante esto se asesoró con un abogado y, con un requerimiento a nombre de Mª Matías Ramírez de Gazólaz, acordaron con el Abad y Salvador Ortiz, también Notario Real, presentarse en el lugar, tomar la piedra en disputa y colocarla en la sepultura de su propiedad.
El día señalado se personaron en Azanza, tomaron la piedra y, cuando la habían colocado en su sitio, llegaron D. Pedro Gulina, Abad de Azanza, su hermana Catalina, dueña de la casa llamada Gulina y Juan Martín Pérez, yerno de ésta y cuñado del anterior, organizándose un altercado al aducir estos que la piedra les pertenecía e instando el Abad a su cuñado a que rancara la piedra de su alojamiento. D. Juan Arbizu se opuso a tal pretensión colocando un pie sobre ella, por lo que el aludido Juan Martín le dio un empellón en el pecho con ambas manos y tan fuerte que trastabilló, faltando poco para que cayera al suelo
Finalmente consiguió su propósito llevándola a su sepultura donde la colocó nuevamente.

Salvador de Ortiz, Escribano real de 41 años, vecino de Pamplona.
Corrobora la declaración de Pedro Lacunza en todas sus partes.

Juan de Irisarri, vecino de Aizpún, cuñado del Abad Juan de Arbizu, de edad de 52 años.

Declara que es sabedor de que la casa Ferrandorena o Martizarena del pueblo de Azanza posee una sepultura con el escudo de armas en una piedra a manera de globo.
Que hace un tiempo el Obispado concedió a ésta casa y a otras cinco más, el privilegio de trasladar las sepulturas al interior de la Iglesia.
Que en el mes de Julio pasado, no sabe que día pero sí que era Domingo y antes de la Misa mayor, se trasladaron al pueblo de Azanza su cuñado Juan Arbizu, Salvador Ortiz y Pedro Lacunza, Notarios reales ambos, junto con canteros y otras personas con la intención de colocar el escudo de armas de la casa citada en la sepultura correspondiente.
De lo que pasó más tarde, aunque algo a llegado a sus oídos, no puede dar fe.

Tomó también declaración a D. Pedro Azcárate, que testificó a favor del citado Juan Arbizu en todo lo expuesto anteriormente y declaró haber llegado a su conocimiento que, pese a estar excomulgado y no poder entrar a oír los oficios en la Iglesia Juan Martín Pérez de Azanza, ha hecho caso omiso de tal prohibición habiendo asistido a Misa en otro lugar.
Declaran así mismo a favor, Juan de Zariquiegui, vecino del pueblo de Azanza, labrador de 90 años de edad, Pedro Baigorri, vecino del mismo, Pedro Juan Lacunza, vecino de Enériz, aunque nacido en Azanza y Martín Fernández, vecino de Munárriz.

Declaraciones tomadas por Martín José Eyaralar a la parte contraria




Dª Catalina Gulina, dueña de la casa llamada Gulinarena

Declara que Juan Martín Pérez es su marido y dueño conjunto de la casa nombrada y entre los bienes que dicha casa figura una sepultura en el cementerio de la Iglesia, cuya cabecera la preside una piedra levantada, la cual tiene en una parte pintados los atributos de la Pasión y por la otra un ave y una cruz, habiendo disfrutado de su posesión desde tiempo inmemorial.
Siendo esto así, el pasado mes D. Juan Arbizu, Abad de Aizpún, dio orden a un cantero y a dos criados a su servicio, para que se trasladaran cautelosamente durante la hora de la comida, al mediodía, a mi sepultura y, con autoridad propia, rancasen la piedra colocada en ella y la pusiesen en la suya.
Graciosa de Echauri, su madre, suegra de Juan Martín, notificada del atropello acudió a la Iglesia junto a una de sus criadas, y, entre ambas trasladaron nuevamente la piedra al lugar de origen.
Enterado Juan de Arbizu, a los días se presentó en la Iglesia de Azanza a las seis de la mañana, acompañado de Pedro Lacunza, vecino de Azanza y Salvador Ortiz, de Pamplona, Notarios reales ambos, Antonio Arriarán y otro más, canteros que por aquel entonces estaban trabajando en su casa nativa y Joan de Irisarri, pastor a su servicio.
Los citados, armados de palos y armas ofensivas, arrancaron la piedra de la casa Gulina, colocándola en la sepultura de la casa Ferrandorena o Martizarena.
Cuando estaban dando fin a la faena, llegó D. Pedro Gulina, el Abad, que, de buenas maneras, reprochó a Juan Arbizu su intromisión en una Iglesia sobre la que no tenía jurisdicción, echándole en cara que no le hubiese pedido autorización para llevar a efecto el cambio realizado.
En la discusión llegó Juan Martín Pérez de Azanza y, al comprobar el cambio ocurrido, asió con ambas manos la piedra con ánimo de levantarla, en cuyo momento, el Abad Juan Arbizu, montó sobre ella, maltratándole ambas extremidades gravemente, tanto que sangró mucho. Para repeler y defenderse le dijo que se apartase y se bajase de la piedra, mas, como no atendía a razones, Juan Martín, con gran modestia, le asió por debajo de los brazos, alzándolo y apartándolo, sin que le vejara de manera alguna. Una vez apartado tomó la piedra y la colocó en la sepultura de su familia. Todo esto lo realizó sin agravio ni escándalo y, en habiéndolo, el causante sería el Abad de Aizpún.

Catalina de Arbizu, esposa de Martín de Echauri de 40 años de edad, pariente de Juan de Arbizu en tercer grado :

Declara que a finales del mes de Junio, no recuerda la fecha, se celebró el aniversario por los dueños de la casa de Martín de Arraiza ( Apezarrarena ). Cuando terminó la ceremonia se marcharon todos de la Iglesia, quedándose ella rezando unas oraciones. Estando en ellas entraron en el recinto un cantero llamado Antonio, no sabe su apellido, residente en Ollo, Martín de Zariquiegui, labrador, criado de D. Juan de Arbizu y Antonio de Vidaurre, criado de Juan de Lizarrondo, los cuales estuvieron echando tierra sobre la sepultura propiedad de Don Ferrandorena y vió como entraron una piedra al interior y la colocaron sobre la tierra. La declarante le dijo al cantero que cómo hacían aquello pues podía ser multado por ello, contestándole que él era un mandado y que si le denunciaban, alguno la pagaría. Habiéndose acercado comprobó que la piedra colocada era la que se hallaba en el cementerio a la cabecera de la sepultura de casa de Gulina y a los pies de casa Don Ferrandorena.
Tras esto se fue a su casa y al rato escuchó alboroto, por lo que, asomándose a la puerta, vio que Catalina de Gulina y Graciosa de Echauri, su madre, salían del cementerio quejándose de que los hombres no habían obedecido su orden para reponer la piedra en su sitio. Mas tarde, oscurecido, vio como la citada Graciosa, con una muchacha, hija de la casa, sacaban la piedra de la Iglesia colocándola en la cabecera de su tumba en el cementerio.

Antonio Arriarán, Martín Aldaz y Miguel Garaicoechea, canteros los tres, declaran:

Que ellos tres se hallan trabajando en el pueblo de Azanza , fabricando una casa de nueva planta. (Echeverría )
Que hace un mes aproximadamente, no recuerdan la fecha exacta, un hijo de la casa de Don Ferrandorena, D, Juan Arbizu, les citó para efectuar un trabajo en la sepultura que su casa posee dentro de la Iglesia. Llegados a ella con la herramienta necesaria, rancaron una piedra redonda o estela y una losa o piedra que estaba en la sepultura de su propiedad, en el cementerio, trasladándolas al interior donde las colocaron en el lugar que les indicaron.
Cuando estaban terminando la faena, entraron D. Pedro Gulina y su cuñado Juan Martín Pérez Azanza pidiendo explicaciones del expolio, pues aducían que la piedra era de su propiedad y exigiendo la volvieran a colocar en su sitio.
D. Juan Arbizu se negó invocando que era pertenencia suya y se coloco sobre ella con ánimo de impedir que la movieran, por lo que el citado Pérez Azanza, asiéndole de los brazos, lo desplazó del lugar y rancando la piedra se la llevó a la sepultura de su propiedad, donde la colocó.
Todo este enfrentamiento se realizó sin violencia y sin causar mayor alboroto, por lo que visto el desenlace-D. Juan abandonó el lugar rápidamente- se volvieron los tres al trabajo que estaban desarrollando.

Declaran también en su favor Miguel Larraia, tejedor de lienzos, natural de Ibero y sacristán en Azanza. Su mujer Juana de Usúrbil de 70 años de edad y Catalina de Arteta viuda de 60 años.

Martín de Arraiza, de la casa Apezarrarena, declara que, desde que Juan Martín, natural de Echauri, casó hace 24 años a la casa Gulina como heredero de sus bienes, siempre a contado como propia la piedra ahora en litigio y entiende que deba pertenecer a ésta casa ya que está colocada en la cabecera de la sepultura.
Finalmente declara Mª Miguel de Senosiain, viuda, de 60 años de edad, asegurando haber conocido de siempre una piedra o estela entre la cabecera de la sepultura de Gulina y los pies de la de Don Ferrandorena, también ha conocido una piedra colocada sobre la sepultura de casa Gulina, ésta en el cementerio, aunque declara no saber a quien pertenece cada piedra, dada la ubicación de ambas.
Recogidas las declaraciones de ambas partes, Martín José Eyaralar las presenta al tribunal que entendía el caso. Este no debía tener claro el asunto pues exige nuevas pruebas tanto a una parte como a la otra.
Litigando transcurren los años 1691 y 1692 con el consiguiente gasto para ambas partes, por lo que cansados y sin que se vea una solución, Juan Esteban Amézqueta y Miguel Galindo, procuradores ambos, dicen que sus partes tratan de conformidad en ajustarse sobre sus diferenciasen el pleito que litigan, para lo cual suplican mande suspender la causa y que no se trate más de ella hasta que las partes lo pidan y también se evite el final de la prueba.
De esta forma terminó el litigio sobre la pertenencia de dos piedras que enfrentó a dos de las casa más importantes del pueblo de Azanza, pues no hay constancia de que se reabriera el proceso años más tarde.
¿ Qué fue del excomulgado? Se levantó la pena o murió fuera del seno de la Iglesia?
Archivo Diocesano C/ 1335-Nº 17 Año 1692

29 Nov 2010
Admin · 51 vistas · Escribir un comentario
Romería a la ermita de la Magdalena
Romería a la ermita de la Magdalena por parte de Azanza, Aizpún y Urdánoz




Desde tiempos inmemoriales celebraban los pueblos de Aizpún, Azanza y Urdánoz el primer domingo después de la Virgen de Septiembre, una romería conjunta a la ermita de Santa Mª Magdalena, ermita que se yergue equidistante de los tres pueblos, aunque situada en el término del de Azanza.
No existía Cofradía, aunque los asistentes se denominaban hermanos, ni pagaban canon de ningún tipo por pertenecer a ella. Se celebraba Misa todos los días de fiesta desde el día de la Santa Cruz del mes de Mayo, hasta el de la Cruz de Septiembre y cada vez que fallecía algún “ hermano” se le sacaba el novenario correspondiente.
Era costumbre tradicional reunir al personal a toque de campana en la puerta de la Iglesia de cada lugar, desde donde se marchaba en procesión con la Cruz alzada, entonando la letanía de los Santos hasta las cercanías de la ermita, donde, una vez juntos los peregrinos, con los tres Abades al frente, se accedía a ella donde concelebraban una Misa solemne los citados Presbíteros.
Tras ésta celebración los asistentes se acomodaban en torno del edificio para dar cuenta de la comida preparada al efecto y que había sido llevada a lomos de mulos de carga. Consistía ésta en pan, vino y carnero en abundancia, no fuera a ser que alguien quedara sin saciarse.
De cueros ajenos, largas correas, que dice el refrán.
Los que hemos conocido en tiempos no tan lejanos éstas celebraciones, sabemos cómo comenzaban, su transcurrir y como acababan- estoy hablando de tiempos más “civilizados”- y lo digo pensando en que hasta que saciaran el apetito todo iría normal, ahora bien una vez atiborrados...
No adivino cual habría sido la causa, si bronca, escándalo o qué habría ocurrido, pero algùn comentario debió llegar a oídos de la Iglesia, por lo que en fecha 7-9-1635, con ocasión de la visita efectuada por D. Felipe Vélez Ontanilla, visitador General del Obispado a la Parroquia de Azanza, éste se interesó por el tema, recabó información solicitando le fuesen presentados los libros de cuentas de la Cofradía, y citó a los Abades correspondientes para efectuar una visita a la ermita, comprobar su estado y obtener una explicación sobre el cómo y el porqué de la romería y qué era lo que en ella ocurrìa.
Por las explicaciones de los tres Vicarios comprobó que no existía cofradía, reglas, ni licencias que autorizasen aquella celebración y que la ermita no reunía condiciones para celebrar los Oficios Divinos;Si hacía buen tiempo la comida se efectuaba al aire libre, en la campa aledaña,con malo los “cofrades” se cobijaban en el edificio anejo a la iglesia efectuándola todos revueltos, hombres y mujeres, con el consiguiente peligro de pecado por la presencia de éstas. Es informado que el costo es sufragado por los bienes de la ermita y que, tras el ágape, suena el tamboril y la flauta, estableciéndose un animado baile y que, por causa de éste, suelen ocurrir disputas entre la juventud de los diferentes pueblos, habiendo derivado en ocasiones en riñas, pendencias y sangre.

Siendo todos estos actos contrarios a las buenas costumbres y en evitación de que degeneren en acciones más graves, se ve en la obligación de suprimir la auto denominada Cofradía, instando a los Srs. Párrocos a que, en la fecha señalada, se trasladen por separado con sus feligreses, digan la Misa y retornen en procesión hasta su lugar, donde, con cargo al peculio de la Iglesia, se les de un pequeño refrigerio algún refresco o “ torreznos”, pero nada de vino o alcohol. De no cumplir lo mandado, los asistentes serán excomulgados, penándose con dos ducados de multa a los Vicarios que no acataran lo ordenado.
La determinación tomada debía ser expuesta en las puertas de las tres Parroquias durante quince días para que todos quedaran informados.
Ante ésta decisión y a instancias de los Párrocos, se reunieron en la citada ermita una comisión formada por varios integrantes de los pueblo afectados y, por unanimidad, acordaron oponerse al mandato, para lo cual contrataron un procurador que entablara pleito ante los tribunales eclesiásticos recurriendo contra la citada norma.
El procurador elegido fue Sancho Istúriz.
En el alegato presentado por éste se aclara que:
1º---Los tres pueblos desde tiempo inmemorial han concurrido juntos a la citada romería en la fecha indicada.
2º---Aunque no existe Cofradía con estatutos siempre se han considerado vigente su existencia con tratamiento de hermanos entre los vecinos de los tres pueblos.
3º---Que el refrigerio que se toma tras la Misa, vino, pan y carnero, es por cuenta del peculio de los cofrades y nunca se han tomado dineros de los fondos de la cofradía para tal fin.
4º---No es cierto que se originen escándalos, abusos, riñas, ni peleas tras la comida, como pueden atestiguar los Srs. Vicarios, pues su sola presencia basta para cortar de raíz si alguno se desmanda.
5º---La medida adoptada va a redundar en perjuicio de los fines que persigue la Cofradía, ya que la supresión de la comida y baile posterior, originarán el abandono de la Romería, los sufragios que se celebran por la muerte de los hermanos y también desaparecerán las misas que se celebran en las fechas tradicionales.
6º---La situación de la ermita es consecuencia de lo poco que rentan los bienes que le pertenecen- una viña y una pieza de pan traer- y los pueblos congozantes no disponen de fondos para corregir su estado.

Para testificar lo expuesto presenta como testigos a :

Pedro Martínez de Munárriz, vecino de Munárriz de edad de 76 años
Juan Fernández ( Sastre )    vecino de Azanza 80 años
Juan Andueza                      vecino de   Urdánoz 70 años
Juan López de Lafuente        vecino de Arguiñano 50 años
Martín de Istúriz                   vecino de Arguiñano 34  " 
Todos ellos afirman estar de acuerdo con lo reflejado y juran ser cierto lo descrito en éste documento.

Presentan el alegato en el Obispado, mas las instancias superiores alegan que no ha lugar, ya que al no haber reglas ni estatutos que rijan la Cofradía, no pueden autorizar su existencia, por lo que acuerdan rechazar la instancia.
Ante ésta postura, reunidos nuevamente los Vicarios y delegados de los pueblos afectados, acuerdan redactar unos estatutos para constituir la Cofradía de Santa Mª Magdalena, situada en su ermita ,en el término de Azanza.
( Por ser muy extensos y prolijos los enunciados, no los reproduzco, si alguien tiene interés en su lectura le remito a C/ 361-nº 24- año 1636. Museo diocesano.)
Nuevamente y por medio del Procurador, presentan los estatutos elaborados para su aprobación conjuntamente con la solicitud de levantamiento de sanciones.
El tribunal del Obispado, una vez vistos y estudiados los estatutos y reglas que regirán la nueva Cofradía, los aprueba y sanciona su constitución, introduciendo dos apartados :
1º---La comida ha de ser moderada y por cuenta de los cofrades, sin que se tome cantidad alguna de los fondos de la ermita.
2º---Ha de ser sin asistencia de mujeres, a causa del gran daño y ofensas que puede seguir de su presencia, de esta forma se evitará la ocasión de pecar.
Nuevamente recurrieron los afectados sin conseguir modificar los apartados introducidos de cara a mantener la decencia de la reunión.
Como diríamos hoy : lo tomas o lo dejas, la Iglesia era omnipotente.

Cartón / 361-Nº 24—Año 1636. Museo Diocesano


Tras languidecer durante muchos años, caer finalmente en el olvido y derrumbarse la ermita, un grupo de jóvenes del valle, acometió hace unos años la tarea de repristinar el edificio y recuperar la romería. Hoy, felizmente reintegrada al paisaje, se vuelve a peregrinar el día uno de Mayo, por los habitantes de los cinco pueblos del valle, sin exclusión de ninguno de ellos- antiguamente solamente concurrían Azanza, Aizpún y Urdánoz-con la misma parafernalia de tiempos antiguos y la presencia de las cruces procesionales de todos los pueblos. Finalizada la misa, los concurrentes se arremolinan en derredor del edificio-si el tiempo no lo impide- para degustar el almuerzo correspondiente. Prácticamente como en los viejos tiempos, exceptuando las”mutil-danzas”. La juventud actual no está por las “ kalejiras”.



29 Nov 2010
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